La Economía Japonesa: Un ENIGMA de 30 años

Bueno, vamos a meternos de lleno en uno de los grandes misterios económicos de nuestro tiempo. Japón. Sí, Japón, un país que todos asociamos con tecnología punta y una eficiencia casi legendaria, pero que económicamente hablando lleva décadas lidiando con un rompecabezas muy muy particular. La pregunta de millón, la que vamos a intentar desgranar, es justo esa. ¿Cómo es posible que una superpotencia como Japón se haya pasado más de 30 años casi sin crecer y con los precios cayendo? Es una historia que tiene de todo, burbujas, decisiones monetarias radicales y consecuencias, bueno, consecuencias que todavía hoy se están viendo. Para entender qué pasa hoy es que no queda otra, tenemos que rebobinar. Todo arranca en un periodo que se conoce y con razón como las décadas perdidas. El pistoletazo de salira fue a principios de los 90. Japón venía de una euforia total y de repente, pum, estalla una burbuja especulativa gigantesca tanto en el mercado inmobiliario como en la bolsa. Y ojo que no fue un tropezón sin más, ¿eh? Fue el inicio de una crisis financiera brutal y de una espiral de caída de precios que ha marcado a la economía japonesa durante generaciones. Y fijaos en este dato, porque es que es para echarse a temblar. Desde 1994 la economía japonesa ha crecido de media un 0,72% al año. 0,72. Para una economía desarrollada, eso es básicamente estar parado, un estancamiento en toda regla. Y es que aquí, justo aquí, está el corazón del enigma japonés. El gran villano de toda esta historia tiene un nombre, deflación. A ver, si los precios no paran de bajar, ¿qué hace la gente? Pues esperar para comprar, porque mañana todo será más barato. Y claro, si nadie gasta, las empresas no invierten, los salarios se congelan y la economía entra en un círculo vicioso del que es tremendamente difícil salir. Pero claro, el pinchazo de la burbuja no lo explica todo. Japón ya arrastraba una mochila cargada de problemas estructurales bastante serios. Por un lado, una demografía complicadísima con una población que envejece y se reduce a un ritmo alarmante y por otro productividad estancada. ¿Por qué? Pues en parte por una rigidez institucional que protegía a empresas poco eficientes, las famosas empresas zombes y que frenaba la adopción de nuevas tecnologías. Vamos, el cóctil perfecto para que la crisis fuera mucho más profunda. Ante una situación tan excepcional, la respuesta no podía ser la de siempre. Y aquí es donde la historia se pone de verdad interesante, porque el banco de Japón decidió tirar por un camino, bueno, digamos que experimental. El banco de Japón se encontró básicamente entre la espada y la pared. Las herramientas de toda la vida ya no servían para nada, así que se lanzaron a la piscina y pusieron en marcha uno de los experimentos de política monetaria más radicales de la historia moderna. Es que, mirad, esta cronología es una auténtica escalada. empezaron llevando los tipos de interés a cero. Luego se inventaron la expansión cuantitativa, la famosa QE. Como no era suficiente, la hicieron todavía más agresiva. Llegaron incluso a poner los tipos de interés en negativo y a controlar los tipos a largo plazo. Una locura. Una revolución monetaria en toda regla que ha culminado este mismo año con la primera subida de tipos en casi 20 años. Para que nos hagamos una idea de lo rompedor que fue esto. La política monetaria clásica es simple. subo o bajo los tipos a corto plazo y ya está. Pero la no convencional, la que aplicó Japón, es otra dimensión. Implica que el Banco Central se ponga a comprar deuda y otros activos a lo bestia para inundar la economía de dinero y controlar toda la estructura de tipos de interés. Es pasar de usar un visturí de cirujano a sacar la artillería pesada. Un cambio de paradigma total. ¿Vale? Y después de semejante despliegue, ¿cuál ha sido el resultado? Pues como casi siempre en economía, la respuesta no es un simple bien o mal. es complicada, llena de contradicciones. La realidad es que estas políticas han sido un arma de doble filo. Por un lado, han conseguido algunos de sus objetivos principales, pero por otro lo han hecho a un coste altísimo, creando problemas nuevos que ahora Japón tiene que afrontar. Y aquí tenemos el principal efecto secundario, la madre de todos los problemas, una deuda pública que roza el 250% del PIB, la más alta del mundo con diferencia. ¿Y cómo se ha llegado a esto? Pues en gran parte porque al comprar masivamente los bonos del gobierno, el Banco de Japón hizo que endeudarse fuera casi gratis para el Estado. Esto ha permitido sostener el gasto, sí, pero es una bomba de relojería a largo plazo. Pero oye, también hay que reconocer los éxitos. Y el más importante es este. Después de décadas de lucha sin cuartel, por fin Japón ha conseguido que la inflación se sitúe de forma estable alrededor de su objetivo, del 2%. Esto que puede parecer poco es una victoria mayúscula en su larguísima batalla contra la deflación. A pesar de todo, la situación sigue siendo muy frágil y la prueba es que a pesar de los avances, la economía japonesa ha vuelto a entrar en recesión técnica hace muy poco. Esto nos demuestra que el camino hacia una recuperación sólida y que se sostenga en el tiempo, pues todavía es largo. Con todo este panorama sobre la mesa, la gran pregunta, claro, es, ¿y ahora qué? ¿Hacia dónde va la economía de Japón a partir de ahora? Esta tabla lo resume bastante bien. En la columna de los problemas siguen estando los de siempre, el estancamiento, la demografía y esa deuda pública estratosférica. Pero la de las ventajas hay cosas importantes. El objetivo de inflación por fin cumplido, un superhábit exterior sólido y un enfoque fiscal que muchos expertos consideran en general acertado. Si miramos las previsiones de organismos como el FMI, vemos un futuro de crecimiento modesto, pero al menos positivo y lo más importante, con la inflación ya controlada alrededor de ese 2%. Parece que lo peor de la crisis ya ha pasado, pero tampoco se espera un boom económico, ni mucho menos. Y al final todo se resume en esto. La clave para el futuro de Japón ya no está tanto en los trucos de magia de la política monetaria. El verdadero desafío, el reto a largo plazo es solucionar su problema crónico de productividad. Necesitan innovar más y ser más eficientes. Ahí está el quid de la cuestión. Y así cerramos este análisis con una pregunta que la verdad se queda en el aire. Japón ha logrado salir de su larguísima hibernación, de su invierno deflacionista, pero ahora se enfrenta a nuevos gigantes, una deuda descomunal y la necesidad urgente de reactivar su productividad. La respuesta a esta pregunta será la que defina el próximo capítulo de su fascinante y complicada historia económica. M.

Japón es un enigma económico. ¿Cómo es posible que una potencia mundial haya pasado tres décadas (los “30 años perdidos”) con un crecimiento real promedio anual de solo 0.33% en la última década? Analizamos el caso único de la economía japonesa, un país que ostenta la deuda pública más alta del mundo, alcanzando el 228.5% del PIB a finales de 2023.
En este documental, desgranamos las causas profundas del estancamiento de Japón, desde el colapso de la burbuja económica en los años noventa hasta las políticas monetarias extremas del Banco de Japón (BOJ)
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